Salvar un gimnasio para salvar la ciudad

Hay un lugar en Barcelona en el que parecen confluir buena parte de los conflictos urbanos, un sitio que podría servir de ejemplo para mostrar lo que va mal en nuestras ciudades.

El local es también un punto de encuentro de muchas de las soluciones para esos conflictos, un espacio no sólo físico en el que ha coincidido un puñado de personas e ideas que proponen cambiar el futuro de ese lugar y de la misma ciudad. En el distrito de Ciutat Vella, tan castigado por tantas cosas, allí donde se encuentran los barrios del Raval, Sant Antoni y Poble Sec, hay una inmueble único en el que ocurren cosas estupendas.

De el artículo de Pedro Bravo, publicado originalmente en eldiario.es el martes 4 de diciembre.

El gimnasio Sant Pau se llama a sí mismo social y hace muy bien. Con casi 80 años de historia, ahora es gestionado por una cooperativa de trabajadores que no sólo da servicio como espacio para la práctica de deportes varios a precios populares, sino que ofrece acceso gratuito a personas de colectivos vulnerables y duchas para personas sin hogar, da acceso a adolescentes a cambio de revisar que van bien en los estudios, abre la piscina una vez a la semana para que las mujeres musulmanas puedan nadar y mantiene horarios especiales en Ramadán, tiene vestuarios y da clases para personas trans, permite el registro a las personas sin papeles y, en general, está abierto para todos aquellos a los que se suelen cerrar las puertas.

 

Todo eso ocurre cada día en un suelo —planta baja y un piso sobre la calle— que es un caramelo para el capital inmobiliario. En esa zona asolada por la gentrificación y la sustitución de vecinos por turistas, el Sant Pau es la promesa de un negocio mayúsculo para la propiedad, la familia Samaranch-Viñas (sin relación, al parecer, con la olímpica).

 

Por eso, los trabajadores del gimnasio llevan años peleando contra los intentos de expulsión y promoviendo la unión de vecinos, colectivos y profesionales mediante una movilización y una propuesta cuyos planteamientos y objetivos van mucho más allá de la supervivencia del propio negocio y tienen que ver con la activación de procesos de verdadera democracia participativa en los barrios, con un modelo innovador de vivienda con fin social y con una ciudad que sabe que defender y salvar espacios y proyectos como éste es una manera de salvarse a sí misma.

 

#SalvemelSantPau consiguió movilizar a cerca de 40 entidades y centenares de vecinos. F. G. Robles#SalvemelSantPau consiguió movilizar a cerca de 40 entidades y centenares de vecinos. F. G. Robles

 

 

El problema es que, en las pocas semanas que quedan de año, el gimnasio y el proyecto de construir sobre él vivienda social se la juegan: la propiedad ha demandado de nuevo para lograr el desahucio y el Ayuntamiento de Barcelona no termina de ejecutar las decisiones a las que se había comprometido.

Para seguir leyendo el artículo completo, artículo de Pedro Bravo (@PedroBravo)

https://www.eldiario.es/desde-mi-bici/Salvar-gimnasio-salvar-ciudad_6_842425785.html

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